| TECNOLOGÍA | ||
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A los 18 años, un
accidente dejó cuadripléjico a Sergio Ivanier (34). Después de ese día, prender
la luz, discar un número de teléfono o cambiar de canal fueron tareas
imposibles. Privado de sus movimientos pero no de las ganas de seguir adelante
con sus proyectos, aprendió que el tiempo era su mejor aliado. Pasaron
algunos años hasta que llegó el día tan esperado: abandonar el hogar de sus
padres y comenzar una nueva etapa.
Una casa
inteligente le devolvió la independencia que había perdido una tarde de
verano, cuando se zambulló al río y su cabeza pegó contra un embarcadero oculto
bajo el agua.
De regreso en el Tigre, Sergio no
puede dejar de sorprenderse cada vez que le habla a su computadora pidiéndole
que ejecute alguna tarea -como atender el portero eléctrico- y la respuesta no
tarda en llegar.
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A simple vista la casa inteligente no
es diferente de cualquier otra. Apenas un poco más despojada, sin objetos que
obstaculicen el desplazamiento. No requiere de aparatos complicados; sólo
una PC multimedia de 64 MB de memoria RAM, un micrófono y una consola central
forman parte del equipo que se convirtió en el nuevo y único compañero de
Ivanier.
El software que permite controlar las
funciones de la casa fue diseñado por dos argentinos. El sistema es muy
simple. Por ejemplo, cuando Sergio se despierta y quiere ver cómo está el
día, le dicta a un micrófono: "levantar persiana". La computadora repite
la frase para asegurarse de que la orden sea correcta y, como si fuera un
truco de magia, la persiana comienza a
levantarse.
"No necesito de grandes cosas para
ser feliz", apunta Sergio. "Una de esas cosas es el sol, por eso
programé a la máquina para que cada vez que le pregunto cómo está el día
me responda 'soleado'".
Búsqueda.
Antes de poner en marcha la construcción de su casa, Sergio comenzó una
intensa búsqueda para encontrar algún sistema que le permitiera acceder a cierta
independencia. La prioridad era edificar lejos del centro; por eso la
elección fue un club privado del Tigre. "La ciudad de Buenos Aires no
está preparada para personas con discapacidad física.
Resultaría más factible que yo vuelva a caminar antes de que esten las
condiciones dadas para movilizarme sin problemas", ironiza. Dar con la
gente capacitada para crear el método adecuado para sus necesidades fue como
hallar una aguja en un pajar.
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| Casa Inteligente. Los
diseñadores Pablo Traverso y Rubén Enrique se basaron en sistemas de reconocimiento de voz. | |
"Nuestro trabajo consistío en
encontrar la manera más sencilla para que Sergio pudiera interactuar con el
entorno sin complicaciones y sin tener que hacer maniobras extrañas. Por
eso optamos por la voz", apunta el Licenciado en Computación Científica
Rubén Oscar Enrique (33), de la empresa Cibertec S.R.L. "Combinamos tecnología
ya existente. Buscamos software de reconocimiento de voz y lo
adaptamos para que interactuara con los interruptores de los
aparatos".
El primer software de
reconocimiento de voz apareció en 1952 y recién en la década del '70 se trasladó
a las computadoras digitales, a partir de este momento se abrió una nueva puerta
para realizar diferentes funciones.
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El micrófono, que se coloca en la
mano, está conectado a un transmisor inalámbrico. Éste es el encargado de
enviar las señales de audio al receptor acoplado a la PC. La computadora
interpreta el comando de voz, repite en voz alta las órdenes y las ejecuta. Las
palabras elegidas por Sergio para acceder a cada deseo son, por ejemplo: "luz
comedor", "abrir cortinas", "encender radio". Una consola central, ubicada
junto a la PC, es la receptora del cableado de los artefactos que se controlan y
hace de nexo entre la computadora y la casa.
"Por
medio del reconocimiento de la voz de Sergio, la computadora debe prender
y apagar el switch (interruptor) correspondiente", explica el Analista de
Sistemas Pablo Traverso (23). "Nos pareció que lo más sano y lo que
menos afectaría su estética era un simple micrófono que se coloca en la
mano", agrega. Sobre la cama se instaló otro micrófono fijo para tener el
control de su cuarto. El equipo de audio, la radio, las cortinas, el
televisor y el ventilador de techo responden a cada
pedido.
Optimismo. Sergio sabe que
no podrá prescindir del enfermero que todas las mañanas lo ayuda a bañarse y
cambiarse, ni de Walter, quién lo pasa a buscar en una Traffic para
llevarlo al trabajo en el centro, ni de su silla de ruedas. Pero también
sabe que, entre otras cosas, cuando tiene ganas de escuchar su CD preferido de
Joan Manuel Serrat, le pide a su computadora que encienda el equipo de
audio y, mientras Nano despliega su encanto, Sergio sube y baja el volumen a su
antojo.
"Uno logra una madurez y una tranquilidad
muy especial que permite darle la importancia justa a las cosas que
suceden. Lo más importante es que aprendí a ser independiente
mentalmente".
Las ganas de estudiar
Ingeniería quedaron en el camino. Los militares no le permitieron su
ingreso a la facultad, alegando que en su condición no podría hacer planos ni ir
a las obras. Pero no le importó eligió la carrera de Ciencias Económicas y
se recibió en tres años y medio. A los 23 años comenzó a trabajar en la
empresa familiar, que se dedica a la confección de ropa y accesorios para la
mujer.
"La idea de irme a vivir solo no llegó
como un desafío, sino como una necesidad", apunta Sergio. Exigente y
seguro de sí mismo, asegura que es feliz en su casa inteligente, ubicada cerca
de donde comenzó lo que para otros sería una desgracia
insuperable.
"El proceso de adaptación me duró
diez minutos", dice. "Pensé que me iba a costar, que iba a extrañar, pero esto
es fabuloso". Hay que verlo para creerle.
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SILVANA IGLESIAS |
| Fotos: Chaski. Infografía: Leda Agostini |